Viajar Leyendo: Ritos Funerarios -Hannah Kent-

iii-retoComo ya os comenté anteriormente, este año participo en el Reto Viajar Leyendo, organizado por Isa. De viaje inaugural, me fui hasta Inglaterra con El Ocupante de Sarah Waters, una lectura de lo más inquietante, y siguiendo un poco la línea perturbadora, en esta segunda aventura, de la mano de Hannah Kent y sus Ritos Funerarios, me traslado a tierras australianas, aunque me temo que en esta ocasión, el viaje lector ha sido un tanto accidentado.

Cinco, esas son las veces que he borrado mis impresiones sobre este libro. Este es mi sexto intento, y no porque no pueda hablar de la lectura. Creo que es la primera vez que tengo claro el por qué me ha gustado y la razón por la cual no ha logrado cautivarme como esperaba.

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Me siento incómoda hablando de él, porque mis <<peros>>, tal vez, hayan distorsionado en parte la visión que tengo del libro. Mis expectativas eran muy altas. Antes incluso de leerlo, casi estaba colocado en mi top literario y claro, me he llevado una mini decepción.

Durante la lectura, me ha costado salir del bucle “me está gustando pero…”. Ese “pero” dichoso ha sido un obstáculo y aunque me da rabia, tampoco puedo engañarme a mí misma y decir que me ha encantado, cuando no ha sido así. Además, me hubiera gustado que profundizara un poco más en todo,  he echado de menos trescientas páginas más, como mínimo.

¿Cuál ha sido el problema? Alias Grace. Mientras leía no he podido dejar de comparar ambas historias (fallo mío, lo sé). Ritos Funerarios no me ha sorprendido, he tenido la sensación de que este libro ya lo había leído, pero mejor. Ambos parten de hechos reales prácticamente iguales, una mujer condenada a muerte en la época de mil ochocientos; Ritos, ocurre en Islandia, Alias Grace en Canadá. El fondo es el mismo, la forma de contarlo, distinta.

Ahora, bien, sería muy injusta con Hannah Kent si me quedara sólo en compararlo con el libro de Margaret Atwood, porque a pesar de las similitudes también son muy distintos y además, Ritos, es un buen libro, muy  innovador en literatura contemporánea y tiene el plus de estar bien escrito.    

Estoy convencida que si lo hubiera leído antes, mis sensaciones serían distintas. Para empezar me habría sorprendido de la manera que esperaba. Por eso os doy un consejo, leedlo antes de Alias Grace, de esta forma, creo que Hannah logrará impactar mucho más y lo disfrutareis plenamente.  

Dicho esto, ahora sí, comienzo el viaje lector sin “peros”. Poneos cómodos y abrochaos los cinturones porque nos trasladamos al año 1828 para conocer de primera mano la historia de Agnes Magnúsdóttir, la última mujer decapitada en la Islandia del Siglo XIX.

“Hay momentos en los que me pregunto si no estaré ya muerta. Esto no es vida; esperar en la oscuridad, en silencio, en una habitación tan mísera que he olvidado a qué huele el aire fresco… ¿Cuándo fue la última vez que vino alguien? Todo es ya una larga noche”.

Basada en hechos reales, nos cuenta como Agnes Magúsdóttir, Fridrik Sigurdsson y Sigrídur Gudmundsdóttir, fueron acusados por los asesinatos de Natan Ketilsson y Pétur Jónsson en 1828 en Illugastadir, Islandia. Es la propia Agnes quien pone la voz y desenmaraña todo el misterio tejido alrededor de esta historia.

Tras pasar unos meses en Stóra-Borg, es trasladada a Kornsá, con la familia del alguacil que tiene que custodiarla hasta que llegue el día de la ejecución. Allí entre el humo de la badstofa, el trabajo en la granja, la hostilidad de sus habitantes y un clima helado y adverso, Agnes contará su relato ante la atenta mirada del reverendo Tóti y la familia Jónsdóttir. 

¿Es posible cambiar los prejuicios adquiridos sobre una persona?

Lo importante en Ritos Funerarios no es la historia en sí, sino  cómo está contada y lo que quiere transmitir con ella su autora.  

Para mí, lo más fascinante de este libro y con lo que más he disfrutado ha sido la ambientación. Una descripción totalmente evocadora de una Islandia  fría, solitaria y hostil, que no deja de ser un fiel reflejo de todo lo que siente nuestra protagonista.

Soledad,  miedo,  incertidumbre, culpa, dolor… son constantes en la lectura, tanto en Agnes como en los personajes secundarios de los que se rodea.

La atmósfera claustrofóbica intenta que el lector se sienta incómodo mientras lee, que sienta la misma angustia que padece la protagonista. En cierto modo, es como si la dureza del mismo entorno la estuviera  curtiendo y preparando para lo que va a suceder, aunque ni Agnes, ni el lector están preparados para llegar al final, por mucho tiempo que se tenga para concienciarse y hacerse a la idea. La fragilidad a veces, es un sentimiento difícil de mostrar y sin embargo, creo que este libro ha conseguido que la veamos en todos y cada uno de los personajes.

“La irrevocabilidad me enferma. Es como un puñetazo en el estómago, mi sentencia, frente a la normalidad de los días en la granja. Quizá habría sido mejor que me dejaran en Stóra-Borg. Tal vez habría muerto de hambre. Estaría rebozada en barro, calada hasta los huesos de frío y desesperanza, y mi cuerpo sabría que estaba condenado y se rendiría. Eso sería mejor que ovillar lana para pasar el rato en un día de nieve, esperando a que alguien me mate”.

Es una lectura triste, una tristeza que nace de la impotencia y la rabia por no poder cambiar las cosas, de tener que aceptar las circunstancias sobrevenidas mientras te resistes al destino impuesto. Y a pesar de todo ese desconsuelo, hay belleza, comprensión y una especie de redención en todo ello que la convierte en una lectura llena de emotividad y sentimiento.

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Las últimas páginas consiguieron que llorara a lágrima viva, tal cual. Si algo transmite el final es compasión y empatía. Sentimientos estos que, independientemente de lo que haya hecho una persona, nos hace ser más humanos y, en mi opinión, mejores personas.

Sólo por reflejar esos valores, se merece las cuatro estrellas que le he puesto en Goodreads. Es lo que realmente consiguió sorprenderme, emocionarme y que olvidara el “pero” incial.

Está claro que en los tiempos que corren y con las atrocidades que se cometen en este loco mundo, no todos merecen recibir indulgencia pero sí es cierto que tenerla, nos ayuda a no ser como ellos, a distinguir, criticar y defender los valores que escasean.

Desgraciadamente en el pasado (y también en nuestro presente) hubo muchas y muchos Agnes Magnúsdóttir, unos más culpables que otros. ¿Merecía el trato que recibió y una condena a muerte? mi respuesta es un No rotundo. Nadie, absolutamente nadie merece morir  (ni ser torturado) deliberadamente a manos de otro ser humano, aquí no hablamos de defensa propia, sino de asesinar, algo que para mí no está justificado, ni siquiera amparándose en la Ley. ¿No os parece absurdo imponer como pena el mismo acto que se está juzgando como delito? Cruzar esa línea, solo  nos convertiría en lo mismo que rechazamos, en asesinos.

Entonces, ¿Agnes era culpable? Bueno, tengo mis teorías y una ristra de argumentos que me permitirían defenderla en cualquier juicio. Por supuesto no os voy a contar ninguno, el veredicto  tendréis que averiguarlo leyendo el libro hasta el final.

No tengáis muy en cuenta esos “peros” iniciales que he comentado, (no dejan de ser subjetivos), y dar una oportunidad a Hannah Kent, estoy segura que sus Ritos Funerarios no os dejarán indiferentes y merecerá la pena conocer, más allá de la frialdad que transmitía la Islandia de 1828, la pequeña badstofa de Kornsá donde Agnes Magnúsdóttir logró sentir, por primera vez, que la humanidad y la empatía no eran emociones perdidas.

 “Aquí vienen el cielo ensombrecido y un viento frío que te atraviesa, como si no estuvieras ahí, te atraviesa como si no le importara si estás viva o muerta, porque cuando te hayas ido el viento seguirá allí, lamiendo la hierba hasta pegarla en el suelo, sin importarle si la tierra está helada o ha empezado el deshielo, porque volverá a helarse y a fundirse y pronto sus huesos, ahora calientes por la sangre y espesos de jugoso tuétano, estarán secos y quebradizos y se descascarillarán y se congelarán y se fundirán con el peso de la tierra sobre ti, y la hierba de la superficie chupará hasta la última gota de tu cuerpo y vendrá el viento y la echará abajo y te arrojará contra las rocas o te arañará con sus uñas y te llevará hasta el mar en un grito salvaje de nieve”.

Isceland

Viajar Leyendo: El Ocupante -Sarah Waters-

 

iii-retoHace unos meses os comenté que este 2017 iba a participar en el Reto Viajar Leyendo que, desde hace ya tres años, viene organizando Isa. Me parece una oportunidad perfecta para enriquecernos con la literatura, salir de nuestra zona de confort lector y probar con  escritoras/es, estilos y culturas diferentes.

Mi primer viaje me lleva hasta  Reino Unido. La literatura inglesa es una de mis favoritas, tiene un tono y un estilo del que particularmente disfruto mucho. Por eso, para esta primera aventura viajera, escogí a la galesa Sarah Waters, ganadora en 2002 del British Book Award por su libro Falsa Identidad.

Sarah también ha sido finalista de los premios Booker y Orange y ha escrito numerosos artículos sobre género, sexualidad e historia, recibiendo por ellos varios premios como el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year.

Gracias a Carla, que me regaló el libro hace poco (thank you so much, Dear!!), y al hype tremendo que creó con esta lectura,  mi ansia por leerlo me llevó a incluirlo en el reto. Así que, sin más dilación, inauguro mi #Viajar Leyendo con, El Ocupante.

Cuando volví a ver la casa –casi treinta años después de aquella primera visita, y poco después del final de otra guerra-, los cambios me horrorizaron (…) El corazón se me empezó a encoger casi en el momento en el que entré en el parque. Recuerdo que había un largo recorrido hasta la casa entre pulcros rododendros y laureles, pero el parque estaba ahora tan cubierto de maleza y descuidado que mi pequeño coche tuvo que abrirse paso por el sendero. Cuando por fin me liberé de los arbustos y me encontré en una explanada desigual de gravilla, justo delante del Hall, puse el freno y me quedé boquiabierto de consternación”.

Nuestra historia comienza con una llamada al Doctor Faraday para atender una urgencia en Hundreds Hall, una antigua mansión a las afueras de Lidcote, en Warwickshire, Inglaterra. Una vez allí, se acabará convirtiendo  en el médico de la familia, para tratar las heridas de guerra del joven Rod y será testigo de una serie de sucesos que nos mantendrán en vilo hasta el final de esta historia.  

Veinticuatro horas después de terminar su lectura aún sigo A-LU-CI-NAN-DO. Durante estos días no he dejado de comentar con Carla la novela, bueno, si soy sincera, me dedicaba a  enviar un montón de teorías y subteorías respecto al libro, (la tenía frita a la pobre) mientras mi sistema nervioso se iba correteando como loco por ahí (¿os había dicho que soy experta en montarme películas lectoras mientras me pongo en modo Jessica Fletcher?).

mansion

Aunque me advirtieron que al libro le costaba arrancar, a mí me ha mantenido enganchada desde el principio, la única pega que podría ponerle a este respecto, es que los capítulos son demasiado largos para mi gusto.

Se trata de una lectura pausada, sin embargo el ambiente creado por la autora, es  una  especie de tranquilidad demasiado intensa para que resulte relajada; Da la sensación de que no está pasando nada y a su vez pasa de todo, cuando te das cuenta, tienes los nudillos blancos de agarrar el libro.

Si algo hace bien Sarah Waters, en El Ocupante, es mantener la tensión del lector, sugestionarte hasta tal punto que no sólo oyes y ves cosas, sino que te conviertes en un personaje más dentro del libro, como si estuvieras allí, en la pequeña salita de alfombras raídas y pintura desconchada, de Hundreds Hall.

La ambientación es una auténtica maravilla, la manera de recrear el período histórico en el que se mueve, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la decadencia de la Familia Ayres, antaño de las más ricas de la zona y el secretismo y misterio que rondan  la mansión, juegan un papel fundamental en la credibilidad de esta historia.

Para mí, no llega a ser un ambiente completamente gótico, pero sí va en esa línea oscura y misteriosa; como dije en Goodreads, este libro me recordaba mucho a esas películas donde presientes que va a pasar algo pero no acaba de llegar ese momento, creándose  un entorno de lo más inquietante.

Betty levantó la cabeza del hombro de la señora Bazeley y dijo:
-¡Hay algo malo en esta casa, eso es lo que pasa! ¡Hay algo malo que hace que ocurran desgracias!”

En cuanto a los personajes, de todo el elenco pintoresco que aparece en la novela, destacaría dos, el que más me ha gustado, Caroline, y el que menos, el Doctor Faraday.

Caroline Ayres, me ha encantado! Una mujer que, a pesar de los momentos difíciles por los que pasa su familia o lo que queda de ella, se adapta a las circunstancias, tiene un punto optimista y un humor irónico que pone el contrapunto a ese ambiente triste y decadente en el que se mueve el resto de personajes. Además tiene mucha personalidad, es un poco excéntrica y muy independiente, características que rompen con el estereotipo de mujer de clase alta  de la época.

Por el contrario, el Doctor Faraday, (menudo ego tienes, querido) , es IN-SO-POR-TA-BLE!! A este tipejo, te lo comes con patatas porque es el narrador,  y si esto no fuera suficiente, os aviso desde ahora que es un “Yoista” de manual, *ojos en blanco*…. un horror, vamos.

En más de una ocasión me han entrado ganas de decirle un “por qué no te callas” y quedarme tan pancha, (no estoy parafraseando a nadie en concreto, es que esta frase es muy gráfica para describir el nivel de pesadez de este señor). Como podéis ver, no me ha caído nada bien.

Entre estos dos extremos situaría a Rod, la Señora Ayres y a Betty, por ser caracteres que pivotan entre los dos anteriores. Estos cinco personajes, son los protagonistas entorno a los que se mueve la historia, los que quedan atrapados en ese halo extraño y oscuro de Hundreds Hall, unos intentando huir y otros atraídos por el misterio que desprende la mansión. El resto, son más bien secundarios que complementan, en apariciones concretas, los roles sociales que definen a los personajes principales.

ba3c30895e2490348ab7da324c3006daY hasta aquí puedo leer, no puedo desvelaros mucho más, pero si estáis atentos a la reseña descubriréis algunas pistas escondidas.Este libro hay que leerlo para poder comentar todas las situaciones extrañas que en él suceden. Sarah Waters consigue mantener la incertidumbre hasta el final.

Mientras va soltando pequeñas pistas aquí y allí, la autora, deja que te montes tu propia paranoia mental sobre la novela, y al final, se encarga  de decirte que estabas completamente equivocada.

El final del libro te deja una sensación extraña, te sientes  frustrada, sorprendida y un poco idiota, todo hay que decirlo. No sé si estoy enfadada con la autora por esta historia o haciéndole la ola por habérmela colado de una manera tan elegante… (¡Qué dominio del farol!)

Por mi parte solo me queda animaros a leer El Ocupante,  os va a sorprender seguro. Además, tengo curiosidad por saber qué teorías se os ocurren durante su lectura… que comiencen las apuestas.