Viajar Leyendo: El Ocupante -Sarah Waters-

 

iii-retoHace unos meses os comenté que este 2017 iba a participar en el Reto Viajar Leyendo que, desde hace ya tres años, viene organizando Isa. Me parece una oportunidad perfecta para enriquecernos con la literatura, salir de nuestra zona de confort lector y probar con  escritoras/es, estilos y culturas diferentes.

Mi primer viaje me lleva hasta  Reino Unido. La literatura inglesa es una de mis favoritas, tiene un tono y un estilo del que particularmente disfruto mucho. Por eso, para esta primera aventura viajera, escogí a la galesa Sarah Waters, ganadora en 2002 del British Book Award por su libro Falsa Identidad.

Sarah también ha sido finalista de los premios Booker y Orange y ha escrito numerosos artículos sobre género, sexualidad e historia, recibiendo por ellos varios premios como el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year.

Gracias a Carla, que me regaló el libro hace poco (thank you so much, Dear!!), y al hype tremendo que creó con esta lectura,  mi ansia por leerlo me llevó a incluirlo en el reto. Así que, sin más dilación, inauguro mi #Viajar Leyendo con, El Ocupante.

Cuando volví a ver la casa –casi treinta años después de aquella primera visita, y poco después del final de otra guerra-, los cambios me horrorizaron (…) El corazón se me empezó a encoger casi en el momento en el que entré en el parque. Recuerdo que había un largo recorrido hasta la casa entre pulcros rododendros y laureles, pero el parque estaba ahora tan cubierto de maleza y descuidado que mi pequeño coche tuvo que abrirse paso por el sendero. Cuando por fin me liberé de los arbustos y me encontré en una explanada desigual de gravilla, justo delante del Hall, puse el freno y me quedé boquiabierto de consternación”.

Nuestra historia comienza con una llamada al Doctor Faraday para atender una urgencia en Hundreds Hall, una antigua mansión a las afueras de Lidcote, en Warwickshire, Inglaterra. Una vez allí, se acabará convirtiendo  en el médico de la familia, para tratar las heridas de guerra del joven Rod y será testigo de una serie de sucesos que nos mantendrán en vilo hasta el final de esta historia.  

Veinticuatro horas después de terminar su lectura aún sigo A-LU-CI-NAN-DO. Durante estos días no he dejado de comentar con Carla la novela, bueno, si soy sincera, me dedicaba a  enviar un montón de teorías y subteorías respecto al libro, (la tenía frita a la pobre) mientras mi sistema nervioso se iba correteando como loco por ahí (¿os había dicho que soy experta en montarme películas lectoras mientras me pongo en modo Jessica Fletcher?).

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Aunque me advirtieron que al libro le costaba arrancar, a mí me ha mantenido enganchada desde el principio, la única pega que podría ponerle a este respecto, es que los capítulos son demasiado largos para mi gusto.

Se trata de una lectura pausada, sin embargo el ambiente creado por la autora, es  una  especie de tranquilidad demasiado intensa para que resulte relajada; Da la sensación de que no está pasando nada y a su vez pasa de todo, cuando te das cuenta, tienes los nudillos blancos de agarrar el libro.

Si algo hace bien Sarah Waters, en El Ocupante, es mantener la tensión del lector, sugestionarte hasta tal punto que no sólo oyes y ves cosas, sino que te conviertes en un personaje más dentro del libro, como si estuvieras allí, en la pequeña salita de alfombras raídas y pintura desconchada, de Hundreds Hall.

La ambientación es una auténtica maravilla, la manera de recrear el período histórico en el que se mueve, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la decadencia de la Familia Ayres, antaño de las más ricas de la zona y el secretismo y misterio que rondan  la mansión, juegan un papel fundamental en la credibilidad de esta historia.

Para mí, no llega a ser un ambiente completamente gótico, pero sí va en esa línea oscura y misteriosa; como dije en Goodreads, este libro me recordaba mucho a esas películas donde presientes que va a pasar algo pero no acaba de llegar ese momento, creándose  un entorno de lo más inquietante.

Betty levantó la cabeza del hombro de la señora Bazeley y dijo:
-¡Hay algo malo en esta casa, eso es lo que pasa! ¡Hay algo malo que hace que ocurran desgracias!”

En cuanto a los personajes, de todo el elenco pintoresco que aparece en la novela, destacaría dos, el que más me ha gustado, Caroline, y el que menos, el Doctor Faraday.

Caroline Ayres, me ha encantado! Una mujer que, a pesar de los momentos difíciles por los que pasa su familia o lo que queda de ella, se adapta a las circunstancias, tiene un punto optimista y un humor irónico que pone el contrapunto a ese ambiente triste y decadente en el que se mueve el resto de personajes. Además tiene mucha personalidad, es un poco excéntrica y muy independiente, características que rompen con el estereotipo de mujer de clase alta  de la época.

Por el contrario, el Doctor Faraday, (menudo ego tienes, querido) , es IN-SO-POR-TA-BLE!! A este tipejo, te lo comes con patatas porque es el narrador,  y si esto no fuera suficiente, os aviso desde ahora que es un “Yoista” de manual, *ojos en blanco*…. un horror, vamos.

En más de una ocasión me han entrado ganas de decirle un “por qué no te callas” y quedarme tan pancha, (no estoy parafraseando a nadie en concreto, es que esta frase es muy gráfica para describir el nivel de pesadez de este señor). Como podéis ver, no me ha caído nada bien.

Entre estos dos extremos situaría a Rod, la Señora Ayres y a Betty, por ser caracteres que pivotan entre los dos anteriores. Estos cinco personajes, son los protagonistas entorno a los que se mueve la historia, los que quedan atrapados en ese halo extraño y oscuro de Hundreds Hall, unos intentando huir y otros atraídos por el misterio que desprende la mansión. El resto, son más bien secundarios que complementan, en apariciones concretas, los roles sociales que definen a los personajes principales.

ba3c30895e2490348ab7da324c3006daY hasta aquí puedo leer, no puedo desvelaros mucho más, pero si estáis atentos a la reseña descubriréis algunas pistas escondidas.Este libro hay que leerlo para poder comentar todas las situaciones extrañas que en él suceden. Sarah Waters consigue mantener la incertidumbre hasta el final.

Mientras va soltando pequeñas pistas aquí y allí, la autora, deja que te montes tu propia paranoia mental sobre la novela, y al final, se encarga  de decirte que estabas completamente equivocada.

El final del libro te deja una sensación extraña, te sientes  frustrada, sorprendida y un poco idiota, todo hay que decirlo. No sé si estoy enfadada con la autora por esta historia o haciéndole la ola por habérmela colado de una manera tan elegante… (¡Qué dominio del farol!)

Por mi parte solo me queda animaros a leer El Ocupante,  os va a sorprender seguro. Además, tengo curiosidad por saber qué teorías se os ocurren durante su lectura… que comiencen las apuestas.