Las mujeres que sabían demasiado – Tania Modleski.

La violencia sexual tiene que ser un tema central en cualquier análisis feminista de las películas de Alfred Hitchcock. En la carrera de cine, suele considerarse el misógino arquetípico que invita a su público a permitirse las fantasías más sádicas contra la mujer. Algunos críticos han llegado a defender que su obra es un paradigma de las violentas agresiones contra mujeres que inundan el entretenimiento actual.

No puedo decir mucho sobre el contenido de esta lectura, no sólo destripa sin miramientos la filmografía de Alfred Hitchcock, sino que abarca tantísimos puntos, que es imposible resumirlo todo en este pequeño rincón. 

Hay que tener en cuenta que el libro se publicó en 1988 así que, obviamente, hay puntos de vista que el libro no toca y en otros aspectos queda obsoleto. Además la autora toma como punto de partida el psicoanálisis de Freud, personalmente es un señor(o) que no me gusta nada, así que no he visto del todo claras algunas de las lecturas que hace sobre ciertos temas. Pero bueno, lo cierto es que no me ha impedido disfrutar de la lectura y aprender con ella.

Esta edición, como en las películas, guarda un as en la manga: en la parte final incorpora un segundo epílogo escrito en 2005, incluyendo otras críticas más actualizadas «… especialmente la crítica psicoanalítica y la crítica gay, lesbiana y queer, permiten un conocimiento más completo del que en aquel momento tenía…».

Como veis, no es un libro para leer del tirón, el examen de cada película es exhaustivo, analiza escenas, tiene muchísimas referencias y recomendaciones de otros textos del estilo muy interesantes, que te lleva a comparar también otras películas (y a ver las actuales con otros ojos, mientras te das cuenta que hay algunas que no han cambiado nada su discurso).

Destaco dos cosas que me han gustado muchísimo: la primera es que no es un libro categórico o sentenciador. La autora critica la representación de la mujer en estas pelis, sobre todo ese relato de castigo que reciben cuando toman decisiones por sí mismas, desean, exploran su sexualidad y no sé avergüenzan por ello. Pero al mismo tiempo, hila un poquito más fino, destacando que se las dé voz; vaya, que se puede ver cine clásico, disfrutarlo y al mismo tiempo, ser crítica con él. No es incompatible, más que nada porque muchas veces todo depende de la interpretación del espectador, no tanto de la escena. La segunda, los comentarios mordaces que hace a los críticos, rebatiendo punto por punto sus opiniones, a menudo simples y reduccionistas. 

El mero hecho de que los críticos recurran a un lenguaje y una lógica tan tortuosos para desacreditar una lectura de la película que hasta ahora no ha proferido nadie, sugiere que ellos podrían ser quienes interpretan a contracorriente al tratar de exonerar al hombre y condenar a la mujer (…) Al igual que los abogados de la acusaciónen la vida real, los críticos consideran que la disposición de la mujer a acompañar al hombre es justificación suficiente para que éste decida tomarse cualquier libertad, por violenta que sea.

Antes de terminar, recomiendo: ver primero la peli y después leer el capítulo correspondiente; creo que es la mejor manera de sacar todo el jugo al libro y disfrutar al mismo tiempo (además es la excusa perfecta para hacer un ciclo de cine + palomitas). 

Un último apunte: tras esta lectura, y otras del estilo, me queda más claro aún lo importantes que son las miradas, de quién crea y de quién observa/interpreta/ve/lee esa creación; hasta que no se deje de pensar que la mirada masculina es lo universal y la femenina de nicho, el relato seguirá siendo el mismo: rancio y poco diverso. Digo yo que estando en el S.XXI ya es hora de que esto cambie ¿No?