El olor de la lluvia en los Balcanes – Gordana Kuic

«Sumiéndose en un profundo sueño, al ritmo del traqueteo del tren, vio ante ella los ojos azules de mamá Ester. Simbolizaban el hogar y el apoyo ante la adversidad. Cuando necesitaba refugiarse del mundo frío e inhóspito, cuando el corazón sucumbía al miedo y al llanto, cuando el cuerpo vacilaba, ahí estaba el abrazo de mamá, seguro y cálido, para aliviarla, acogerla, escucharla, consolarla y darle fuerzas y así, con ternura dejarla seguir su camino».

¡Qué lectura tan maravillosa! Un homenaje precioso, no solo a la madre de la autora –Blanki Salom – y sus tías: Riki, Nina, Klara y Buka , también a la hermosa tierra que acogió a su familia.

Una de las riquezas de este libro es el uso del ladino; la autora pidió expresamente que en la traducción, los diálogos y expresiones mantuvieran la lengua materna de la familia. Una lengua dulce, melosa y muy bonita que le aporta una calidez especial a esta historia.

Estas cinco hermanas, adelantadas a su tiempo, se atrevieron a vivir sus propias vidas más allá de las imposiciones familiares y de la comunidad sefardí a la que pertenecían, sin renunciar a ella.

Tienes que entender que nosotras somos mujeres independientes, que nos ganamos el pan y que, por ello podemos decidir por nosotras qué hacer con nuestra vida … La pregunta es si quieres vivir tu vida honestamente, porque hacer lo que les place a los demás, pero tú odias, es vivir una mentira, una hipocresía hacia ti y los demás.


La mayor parte del libro transcurre en las entreguerras. El último cuarto, se centra en la ocupación alemana y ustacha en Belgrado y Sarajevo. Esta parte la he leído con el corazón en un puño. Como bien dice en el Postfacio Goran G. Gallarza Cacic, esta novela nos recuerda aquel terrible momento de nuestra historia, un momento que, por mucho que siga presente en nuestra memoria, nunca estará lo bastante presente, pues en cuanto comencemos a olvidarlo, estaremos permitiendo que la Historia se vuelva a repetir. Los síntomas de la enfermedad están ahí, y los brotes, por desgracia, siguen ocurriendo.

Esta lectura es una historia de amor a las mujeres de la familia Salom y a los Balcanes. Sus palabras están llenas de ternura, cariño y respeto, de melancolía y nostalgia; un legado familiar y cultural, que son también el nexo de unión entre las distintas comunidades que habitaban esta tierra: musulmana, judía, romaní, católica y ortodoxa; juntas conformaban la identidad balcánica, marcada por la hospitalidad, esperanza y supervivencia.

Las hermanas Salom: Nina, Laura y Klara (superior- de izquierda a derecha). Riki y Blanki (inferior)

Me hubiera gustado transmitir aquí todo lo entrañable y bonito que he sentido al leer este libro. Las escenas, los paseos por Belgrado, las callejuelas de Sarajevo. Los días de campo a orillas del Neretva. Las tardes en los cafés hablando de literatura y arte. Mostrar las tradiciones, la música, el folklore y la comida; poder expresar con palabras la nostalgia de la tierra, el cariño y amor que se palpa en este libro. La importancia de la identidad y la pertenencia, encontrar ese lugar especial en el mundo. Soy incapaz. Solo puedo decir que conocer a las hermanas Salom ha sido un regalo, «nadie muere mientras haya alguien para guardar su recuerdo» ; querida Gordana, llevaré el de tu familia en mi corazón lector de por vida. Una de esas lecturas que no se olvidan.

«Le gustaba la lluvia. En muchas ocasiones, a lo largo de su vida, había salido, protegida por su impermeable de goma y por sus aparatosos chanclos para pasearse sola bajo el chaparrón, vadeando los charcos, con las manos en los bolsillos, mientras le corría el agua por los bordes del sombrero. Sus fosas nasales se dilataban por el embriagador olor de la lluvia, mientras su corazón se llenaba de dicha y alegría, porque tanto ella como las calles por las que caminaba se bañaban en el tesoro ofrecido por los cielos… Poder sentir el olor de la lluvia en los Balcanes».