Mi historia con Moby Dick

No está en ningún mapa, los lugares verdaderos nunca lo están.

Es posible que todas las personas lectoras del mundo tengamos más de una anécdota relacionada con los libros. Podríamos llenar cuadernos enteros creando nuestro propio “libro hablando de libros”, un mapa lector personalizado relatando nuestro camino literario. Lo sé, soy una romántica, no puedo evitarlo.

Una de mis primeras anécdotas lectoras comienza a la temprana edad de 8 años en la biblioteca del colegio, cuando tomé prestada Moby Dick.

Se trataba de una versión adaptada con unas ilustraciones preciosas. Fue mi primera gran aventura lectora, antes incluso que La Isla del Tesoro o La Historia Interminable. Recuerdo que me lo pasé pipa leyendo el libro y me impactó más de lo que imaginaba. Fue algo más que una historia llena de aventuras; me transmitía libertad: surcar los mares, enfrentarse a lo desconocido, perseguir un mito o un sueño, personajes diversos unidos por una misma causa…, un viaje lleno de posibilidades que despertó mi curiosidad por un montón de temas, que me hizo querer saber más sobre historia, viajes, lugares desconocidos…aprendí mucho; Por supuesto, cuando en la veintena volví a leer el libro en su versión completa, entendí mejor todo el engranaje que construyó Melville en esta historia.

Sin embargo, nunca olvidaré mi primer viaje en el Pequod y las primeras palabras de Ismael.

Pueden llamarme ustedes Ismael. Hace algunos años -no importa cuántos, exactamente-, con poco o ningún dinero en mi billetera y nada de particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo.

Unos años más tarde, vi con mi hermana la versión cinematográfica que hizo John Huston en 1956. No imagináis la obsesión por esa película. Hicimos a mi padre grabarla dos veces, la veíamos tanto, que teníamos la copia del “por si acaso se estropea”.

Imagen de la película de John Huston, 1956

Como mi versión literaria era bastante más edulcorada que la película, reconozco que la adaptación me dejó un poco perpleja en su momento; nosotras éramos fans de Moby y no queríamos que le pasara nada malo (angelitos). ¡Cuántas horas pasaron mis padres escuchando nuestros razonamientos defendiendo a nuestra querida amiga!

El caso es que la película la veíamos en bucle y en esos momentos no había niñas pizpiretas parloteando sin parar. Es más, existen dos momentos cumbre en los que el nerviosismo se apoderaba de nosotras y obligábamos a guardar absoluto silencio: uno, cuando el Capitán Ahab hacía acto de presencia por primera vez –ese Gregory Peck impresionante con su pata de palo-; el otro era, obviamente, cuando Moby hacía su aparición estelar.

Tras la versión cinematográfica y literaria, venía nuestra propia interpretación de Moby Dick. Es entonces cuando dábamos rienda suelta a nuestra imaginación y jugábamos a que éramos piratas, nos hacíamos amigas de Moby y todas juntas surcábamos los mares en busca de aventuras. Si hubiéramos conocido a Willy la Orca de Liberad a Willy– por aquel entonces, casi con toda seguridad, la hubiéramos incorporado a nuestras gestas por mares inventados.

¿Y por qué os cuento esto, diréis? Bueno, pues porque de casualidad hace dos fines de semana tropecé con una edición conmemorativa del bicentenario de la obra de Herman Melville. Sé que ahora mismo hay varias en las librerías, enormes y preciosas como su protagonista, pero la que yo encontré, una edición de bolsillo sencillita y en tapa dura muy bonita, fue amor a primera vista. No creo que tenga que comentar que ya tiene un hueco en mi biblioteca personal, y pronto haré relectura.

Moby Dick sigue ocupando un hueco muy especial en mi corazón lector. Al final, estas sorpresas librescas que nos reencuentran con nuestra infancia dando los primeros pasos en la literatura, hacen de la experiencia algo mucho más bonito y dulce; es lo que le da valor a una historia, convirtiéndola en especial y única: Mujercitas, El Conde de Montecristo, La Historia Interminable, La Cabaña del Tío Tom, Orgullo y Prejuicio, The velveteen rabbit, Un año en los bosques… la lista es infinita.

Y nada más, espero que os haya gustado esta pequeña anécdota lectora. Si os apetece, podéis compartir por aquí las vuestras, estaré encantada de leeros y comentar.

Una vez más, gracias por estar al otro lado.

¡Felices lecturas!

10 comentarios en “Mi historia con Moby Dick

  1. Lidia

    ¡Qué entrada más BONITA, Ani!
    Me encanta por el cariño que desprendes hablando del libro (y la película), porque es un clásico, porque has conseguido despertarme el gusanillo (el otro día escuché un podcast sobre Bartleby el escribiente y después me leí el libro y la experiencia con Melville fue inmejorable, así que espero hacerle un hueco pronto) y porque leerte siempre es un placer.
    Ojalá más entradas y más momentos así como el de ahora, para disfrutar de algo que sientes que te llena al leerlo (y no me refiero al libro, me refiero a tu entrada).
    Un beso enorme.

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    1. ¡Muchísimas gracias Lidi! ^^
      A ver si poco a poco voy retomando el blog, que siendo sincera, echo de menos bastante estar más activa por aquí.
      Ha sido muy especial escribir esta entrada y me ha echo especial ilusión que la hayáis acogido tan bien.
      Curiosamente, Moby Dick es lo único que he leído de Melville y es raro porque cuando siento un entusiasmo tan grande por un autor, me lanzo enseguida a todo lo que tenga publicado. Este año tengo que poner remedio con esto, jejeje
      En cuanto al podcast busqué, he intentado escucharlo y no sé por qué, no se carga bien ¿hay que estar registrado o algo así?

      ¡Mil gracias por tu visita y tus palabras! es genial volver y reencontrarse con amigas tan bonitas como tú.
      Espero que si finalmente lo lees, lo disfrutes un montón.
      ¡un besazo!

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  2. unablogueraeventual

    Qué bonita!!!!!!!
    A mi que me hables de anécdotas lectoras o toda una historia de vida como la vuestra con Moby Dick, me conquista. Como tú, llámame romántica, pero los libros no son sólo la historia que lees, sino lo que te sucede y rodea cuando la lees. A mi me pasa que cuando leo un libro que me encanta, archivo en mi memoria de forma inconsciente dónde lo leí, qué momento de mi vida era, dónde o en qué estaba trabajando…
    Te he visto con tu hermana viendo la película. Tu has hecho que os vea con tu entrada.
    Y me has dejado con ganas de ver la peli. Yo tengo una mini historia con Moby Dick. Hace dos años tuve que hacer las cubiertas de los libros Moby Dick, La isla del tesoro, y El lobo de mar para el master de diseño que hacía, y ya me hubiese gustado leer los tres para hacer sus portadas con más fundamento, pero por falta de tiempo, me quedé en resúmenes y reseñas que andaban por la web. La portada que más me gustó fue precisamente la de Moby Dick, y gané punto verde por ser una de las dos mejores. Me quedé con ganas de leerlos, que hables tan bien de él me anima a ello.
    Que hayas comprado una edición que te has encontrado y que has dicho “se viene a casa” si o si, viene mucho a colación con la próxima entrada que tengo intención de publicar. A ver si me sale.
    Me gustan muuuuucho este tipo de entradas!! Un beso.

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    1. Somos un poco “almas gemelas románticas lectoras”, si es que eso existe, porque me pasa lo mismito que a ti. Cada lectura que hago (incluso la más normalita que tampoco me dice gran cosa) tiene un halo alrededor que va acompañándome en ese momento y que por supuesto, luego recuerdo. Y es lo bonito y por eso, los libros nunca son igual ni para las personas ni para nosotras mismas cuando hacemos relectura.

      ¡Quiero ver esas portadas! Me parece una pasada de trabajo, ¡qué bonito! y muy fan de tu nueva entrada en el blog, como hice tocho comentario no te digo más jejejej

      ¡Mil gracias por la visita!Me ha encantado tomarme el “kit-kat”opositoril por aquí. ¡Un besote!

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  3. Hermosa anectoda! Te imaginé tal cual leyendo como Matilda. Estaba pensando releer Moby Dick. En realidad leí menos de la mitad. No pude superar el capítulo en que habla de la anatomia de la ballena. Es un libro que apesar de no haberlo terminado lo tengo muy presente. Recuerdo que me emocioné mucho cuando mencionan a mi pais en el libro. Perú. Luego supe que Herman estuvo en Perú. Llegó a puerto. Hay un par de libros que hablan de él y su tiempo en Perú. Asi que tambien pienso leerlos. Quizas podamos hacer relectura conjunta 💜🤗

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    1. ¡Muchísimas gracias Beat!
      Es cierto que es un libro que en alguna parte se hace un poquito arduo, sobre todo si no interesa mucho el tema y quieres más aventura de trama, pero de verdad que merece mucho la pena.
      ¡No sabía que Melville había estado en Perú y que tenía libros sobre ello! Los buscaré porque de él solo leí Moby Dick y creo que ha llegado la hora de crear nuevas anécdotas lectoras con este autor jejej, ¡Me encantaría una lectura conjunta! 😀
      ¡Muchas gracias otra vez y feliz día!
      besotes

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  4. Deberías de abrir una sección sobre tus historias con las historias. Casa muchísimo con tu perfil lector y tu maravilloso y siempre acogedor rincón virtual.

    Me has hecho pensar en mi infancia entre cómics y la nostalgia que siempre me despertarán muchos de ellos, lo bonito que es revisitarlos y el especial vínculo que siempre nos unirá a esas obras.

    Veo que 2020 lo has empezado con ganas… ¡mejor! Sabes del enorme placer que es para mí leerte. Espero que hasta pronto, Eibi.

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    1. ooohhh John, como en los viejos (no tan viejos) tiempos ¡qué ilusión!
      Muchísimas gracias por la visita y charlar este ratito.
      A ver si soy más constante en el blog y hago una sección especial con estas historias dentro de historias.

      Jo, es que la infancia y los primeros pasos en la literatura a mí me marcaron un montón, creo que casi todos mis libros favoritos tienen que ver con ese momento en los que fui descubriendo estas historias, sobre todo los clásicos que tanto adoro. Así que te entiendo es una sensación de nostalgia pura y muy especial. Desde aquí una petición para tus próximas entradas: anécdotas lectoras de infancia, por favor.

      El hasta pronto es casi seguro 😉
      ¡un besazo!

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  5. Gracias por compartir tus anécdotas, jaja una defensora de Moby Dick apasionada…el capitán Ahab se las habría visto negras en su cacería de la ballena si te hubiera conocido. Confieso que intenté leer la novela pero no pude con ella, sin embargo reconozco su importancia en el mundo literario y me encanta leer reflexiones sobre los libros sean los que sean independientemente de mis gustos e impresiones. Saludos Eibi 🙂

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