60 Grados Norte – Malachy Tallack-

Harry W. Paige afirmaba que <<el hogar no es solo un lugar, sino un estado del corazón>>. Esto no significa que podamos encontrar el hogar en cualquier parte, sino que la relación entre las personas y los lugares es emocional …Es un proceso de arraigo en el que tiene que involucrarse el corazón.

Hay lecturas con las que se conecta de manera especial. Me refiero a esas conexiones que, teniendo como punto de partida un libro, nos acercan a personas, otras lecturas, un momento, un lugar, una emoción o un recuerdo.

Esta magia de la que hablo es lo que me ha pasado con 60 Grados Norte de Malachy Tallack. Su viaje alrededor del Paralelo 60 ha sido, a su vez, otro viaje para mí; una lectura muy especial con la que me he sentido bastante identificada.

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A lo largo del año he leído varios libros que tienen como hilo conductor el duelo. Todos ellos han sido lecturas distintas, obviamente no todo el mundo se enfrenta de la misma manera a ese proceso. En 60 Grados Norte, su autor comienza el viaje, por un lado, como forma de dar respuesta a la pérdida de su padre; por otro como búsqueda vital en un intento de encontrar ese lugar al que llamar hogar.

Partiendo de esa base reflexiona sobre la identidad, pertenencia, comunidad, exilio y memoria. Y lo hace de una manera tan cercana y honesta que ha logrado conquistarme completamente.

Nadie puede desconectarse completamente del mundo, todos somos dependientes, siempre. Pero si no conseguimos reconocer y recuperar de una manera consciente estas conexiones y esta dependencia, si fracasamos a la hora de establecer un vínculo con el lugar y la comunidad, nos arriesgamos a encontrarnos sin hogar. Y eso deja de ser libertad.

El Paralelo 60 representa la frontera imaginaria del norte. Partiendo de las islas Shetland (Escocia) -donde vivía el autor- sigue Groenlandia, Canadá, Alaska, Siberia, San Petersburgo, Finlandia, Suecia, Noruega y de vuelta a las Shetland. Un viaje circular donde cada lugar es un capítulo lleno de curiosidades y reflexiones. 60 Grados Norte reúne a la vez viajes, historia y memoria, hilando a la perfección la experiencia del camino con el pasado y presente de esos lugares que recorren el paralelo.

Siempre he pensado que lo bonito de viajar es acercarte a la cultura del lugar que visitas. Esto lo llevo a cabo, no solo cuando viajo o vivo en el extranjero, también lo aplico dentro del país. Tenemos la suerte de convivir con un montón de particularidades distintas que lejos de alejarnos, como algunas personas intentan, deberían unirnos. Tenemos al alcance de nuestra mano (por cercanía) tradiciones, lenguas y toda una serie de identidades diferentes y diversas que nos enriquecen a todos los niveles. La diversidad favorece la empatía y esto es algo básico si queremos avanzar, crecer como personas en un mundo que está en constante cambio. 

Malachy Tallack con 60 Grados Norte, hace ver esas distinciones entre las culturas asentadas alrededor del paralelo, pero también nos muestra que, dentro de la diferencia, no somos tan distintos. 

En Finlandia, el silencio contemplativo es una especie de pasatiempo nacional que se inculca desde la infancia. Como dice el personaje de Tutiqui en la novela infantil La familia Mumin en invierno, de Tove Jansson, <<uno tiene que descubrirlo todo por sí mismo y superar los problemas solo>>. Aquí el silencio y la introspección no son solo actitudes aceptables socialmente, sino que se consideran positivas y sanas.

A su vez esta lectura tiene bastantes curiosidades y detalles. Muchas son históricas, centradas en los orígenes de esos pueblos, como los asentamientos dorsets en Nanortalik (Groenlandia), o los inuits; otras aluden a medios de subsistencia, el clima en Alaska y Siberia o como la supresión de la cultura y tradiciones nativas en Canadá provocó uno de los mayores genocidios culturales de la historia.

También hay algo del estilo nature writing, que me recordó a Un año en los bosques de Sue Hubbell. El amor y respeto por la naturaleza, el sosiego que da leer acerca de lo que nos rodea. Culturas no tan distintas donde la conexión con el entorno es clave, no solo para sobrevivir en zonas tan implacables como Siberia, sino como una manera de respeto hacia el lugar en el que vives.  

Kamchatka Siberia
Kamchatka, Siberia.

Es una de esas lecturas que lleva a otras lecturas y que en ciertos momentos me ha recordado las mías propias: en Siberia cuando menciona los gulags, fue inevitable no recordar un libro que leí a principios de año y que me dejó cao, Vestidas para un baile en la nieve de Monika Zgustová. Una lectura necesaria que no paro de recomendar.

En la visita a San Petersburgo, nos habla de cómo nace la ciudad, con Pedro I El Grande. Mientras leía, miraba de reojo una de mis actuales tocholecturas, Los Románov de Simon Sebag Montefiore, donde se cuenta  ese mismo momento histórico con más detalle; tres siglos de historia rusa que me acompañarán en los inicios del 2019.  

Cuando menciona el poema de Alexándr Pushkin, El Jinete de Bronce, me acordé de mi amiga Moni; y durante su estancia en Canadá utiliza una cita de mi querida Margaret Atwood que me hizo especial ilusión; este año solo he leído un libro suyo y echo de menos su voz.

Como decía al inicio, libros que conectan personas, otros libros, momentos, recuerdos…Pequeñas señales, como le gusta decir a mi amiga Lidia, que enriquecen y hacen mucho más personal una lectura. Es lo que hace que la experiencia lectora nunca sea la misma.

San Petersburgo
San Petersburgo, Rusia

Reconozco que la conexión que he tenido con 60 Grados Norte, en mi caso, es muy particular. Tiene que ver con lo que cuenta y sus reflexiones sobre la pérdida y la búsqueda, pero también con la forma en la que está escrita. Por momentos he tenido la sensación de haber estado en esos mismos lugares, más parecido a ver fotografías que a leer. Esa manera de transmitir mediante la escritura no es nada fácil, es una capacidad que siempre consigue fascinarme. 

Si todo esto que comento no es suficiente, añado que todo es mucho más evocador escuchando a Bon Iver de fondo. Confieso que los oigo mucho mientras leo, pero en esta ocasión le va como anillo al dedo a la lectura. Si tuviera que resumirla con una canción y un vídeo sería Holocene. … and at once I knew I was not magnificent. Strayed above the highway aisle (Jagged vacance, thick with ice) I could see for miles, miles, miles.

Puede que os encontréis en ese momento de búsqueda, de lectura reflexiva o que simplemente os gusten las memorias, los libros de viajes o aquellos que cuentan curiosidades sobre la naturaleza, los osos en Alaska o la historia de un lugar concreto; creo que cualquiera de esos libros puede reunirse alrededor de este Paralelo 60; quién sabe, quizás en este viaje  encontréis -como el autor- el camino que os lleve de vuelta a casa.

Soportamos el dolor de la pérdida porque somos capaces de recordar cuando no sentíamos tal dolor; eso nos permite vislumbrar el día en que volveremos a sentirnos plenos. Los rituales se conciben en las horas más sombrías del invierno y de la aflicción, cuando cuesta aferrarse a alguna certeza y cuando no encontramos forma alguna de imaginar el retorno del verano o el fin del sufrimiento. A través de la repetición de acciones metafóricas el miedo se traduce en esperanza, igual que la memoria y la imaginación se traducen, también gracias a las metáforas, en literatura.

 

 

 

4 comentarios en “60 Grados Norte – Malachy Tallack-

  1. Hola Eibi, otra lectura para agendar. Como siempre tu forma de escribir convence para aventurarse a leer (tarde o temprano) todo lo que cae en tus manos.
    Me vendría bien para el verano sumergirme en lecturas que hablen del invierno XD. Saludos 🙂

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    1. Primero de todo, ¡feliz año nuevo y espero que hayas pasado unas felices fiestas!
      Segundo: Perdona por contestar tan tarde a tu comentario.
      Tercero: Muchísimas gracias Coremi, siempre tienes palabras muy bonitas y no sabes lo mucho que agradezco y me ilusionan tus visitas ^_^ ¡Eres un sol!
      Esta lectura es ideal para desconectar y “viajar”, es muy evocadora y tiene muchísimas curiosidades de esos lugares con los que disfrutar.
      Mil gracias de nuevo y ¡Feliz verano! (Aquí hace un frío que no me vendría mal una lectura veraniega jejejeje)
      ¡Un besote!

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  2. Que reseña más bonita, Eibi, qué bonita!!!
    No conocía este libro en absoluto y me pica muchísimo después de lo que comentas. Me pasa lo mismo, la diversidad cultural es una de las cosas que más me llama la atención a la hora de viajar.
    Yo escucho mucho a Bon Iver… pero para pintar! jajaja
    Un abrazote y eso, que me lo apunto pero ya ♥

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    1. Amigui, ¡muchísimas gracias!
      Siento el retraso en comentar. Por cierto ¡feliz año!
      Pues encontrar este libro fue como un flechazo. De la misma editorial leí uno en verano que me gustó mucho, y cuando vi este, conecté al instante… Es de esas lecturas evocadoras, para disfrutar pero que a su vez tiene ese punto interesante con el que aprender. Además es autobiografía, y eso hizo la lectura más personal.
      Bon Iver es el must have para todo jajajajaja
      ¡Un abrazote! ^^

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